No mas limpieza?

Nissan acaba de implementar una nueva tecnología que podría representar el último adiós para los lavaderos de autos.

Se trata de una pintura super hidrofóbica llamada “Ultra-Siempre Seca” fabricada por UltraTech International, que “impide que la suciedad y al agua se adhieran a la superficie tratada”.

Nissan ha comenzado a probarla en su modelo Note, y al parecer ha funcionado bien bajo distintas situaciones, entre ellas :granizo, escarcha, nieve y salpicaduras de agua estancada.

La empresa continuará evaluando su efectividad en los meses venideros en su central técnica europea. De comprobarse la misma, el tratamiento anti-suciedad comenzará a ser ofrecido a futuros compradores como opcional.

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En esta foto, el lado derecho del auto ha sido tratado
con la pintura Ultratech. En tanto que El lado izquierdo
solo tiene pintura normal.
¡Los resultados hablan por sí mismos!

Se acabó el no dormir por el ruido

Se acabó el no dormir por el ruido
Por Néstor Parrondo | Tecnología y redes – Hace 6 horas

Todos los que vivan en el centro de una gran ciudad tienen que lidiar con el barullo nocturno que puede impedir que descansen bien. La solución a este problema no tiene por que ser el cierre sistemático de bares y salas de conciertos. Ni tampoco las caras ventanas aislantes.
La tecnología puede ofrecernos alternativas para que unos lo pasen bien y otros puedan dormir. Ese punto medio donde se encuentra Sono, un fantástico invento creado por el diseñador industrial austriaco Rudolf Stefanich.
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Sono es un dispositivo que se coloca en cualquier ventana y ‘absorbe’ el sonido exterior y lo convierte en silencio para el interior de la vivienda. Su tecnología es similar a los auriculares con cancelación de sonido que reparten las mejores aerolíneas entre sus pasajeros de ‘business’ y primera clase.

Pero no solo elimina el ruido. Al girarlo, el dispositivo filtra los ruidos molestos, como el de las bocinas de los coches y las obras, pero permite que pasen los sonidos agradables como el canto de los pájaros o el sonido del viento. Todo con una interfaz futurista, digna de una película de ciencia ficción.
Sono todavía no tiene fecha de salida, pero ya está haciendo ruido. Sono es candidato a ganar el prestigioso James Dyson Award como mejor diseño industrial. Esperemos que deje de ser una idea y se convierta en una realidad. Los habitantes del centro lo estarán esperando como agua de mayo.

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Trufas negras-Diamantes negros

La trufa es un hongo que se reproduce por esporas. Aunque tienen un precio elevado (ahora unos 650 euros por kilo), con una pequeña cantidad conseguimos aportar un intenso aroma al plato.

Para los que no lo sepan, crecen espontáneamente a unos 30 centímetros bajo el suelo asociada a las raíces de ciertos árboles (roble, encina, avellano…). Desde hace unos 30 años en España se ha implantado con cierta importancia la truficultura o el “cultivo de la trufa”. También se cultiva en Italia. Para obtener trufas “cultivadas” en realidad lo que se debe plantar es un árbol trufero, mayoritariamente la encina (Quercus ilex sp. ballota). Ese árbol no es cualquiera, sino que debe ser una planta inoculada con el hongo de la trufa.

Para recogerlas, el recolector se acompaña de cerdos o perros educados para este fin.

Sin duda, la trufa negra (Tuber Melanosporum), con independencia de su alto precio, es uno de los manjares más piropeados de la historia. Ha merecido apelativos como el de Diamante negro, Emperatriz Subterránea, Manzana Mágica… que vienen a redundar en lo portentoso de su sabor, pero sobre todo de su aroma. que es embriagador y difícil de describir

A mi modesto entender, la mejor manera de comer la trufa, sobre todo si es de calidad suprema y en grado óptimo de maduración, por tanto en plenitud de aromas, es sola, tal cual. Una de esas fórmulas que más resaltan sus valores, es la de un plato típico de la tradición del Perigord francés: asada bajo las cenizas. Hecha la trufa en entero, al rescoldo de la leña y con los mínimos aderezos. Si bien es cierto que hay dos productos que la escoltan a la perfección, resaltando aún más sus virtudes, como son la patata y el huevo.

Existen muchas recetas con trufa como experiencia inolvidable: “Flor de patata asada con trufa rellena” o también otras deliciosas como los “huevos escalfados con trufa y tuétano”, el cardo y alcachofas con trufa, o el revuelto de trufas, entre otras.

A mí me encanta el plato de trufa que preparan en el restaurante Ibai de San Sebastián y en el Alameda de Fuenmayor. Pero volviendo al tema, hoy quiero compartir con vosotros una idea muy sencilla y a la vez deliciosa: una tostada con aceite, trufa y sal.

RECETA DE TOSTADA CON ACEITE, TRUFA Y SAL

Ingredientes:

1 rebanada de pan recién tostado
Aceite de oliva virgen extra
1 trufa
Unos cristales de sal
Elaboración:

Tostamos el pan, lo regamos con aceite, laminamos finamente encima la trufa y sazonamos con unos cristales de sal.

El aroma de la trufa es tan intenso que impregna todo aquello que tiene cerca, así que para sacarle mayor partido, os recomendamos que antes de utilizarla, la guardéis en un tarro con unos huevos. De esta manera conseguiréis unos huevos trufados sin haber gastado nada de la trufa.

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Hendricks vive en Buenos Aires

Cafecitos de Buenos Aires…

Café contado

Dentro de los cafés al paso que abrieron en los últimos años, o de los pocas barras para tomarse uno de parado que quedan en Buenos Aires, el Hendrick’s es de los más logrados. Abrió sus puertas en 2010 en un pequeño espacio de la calle Suipacha 1161, entre Av. Santa Fe y Arenales. Es un local delicadamente puesto que sólo trabaja en horario de oficina: de 9 a 18 hs. Para los trabajadores de la zona es de visita diaria ineludible, y para los ocasionales transeúntes o turistas que recorren el barrio, un sitio para hacer un pequeño alto, cargar combustible premium y dejarse tentar por su exquisita boulangerie.

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El Café Hendrick’s está ubicado en un edificio histórico y su estética conversa con el entorno contribuyendo a la armonía del distinguido barrio. Felicitaciones por el logro. Muchas veces la tentación por hacerse notar o imponer un estilo contamina…

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El gran momento de la Bagna Cauda

El gran momento de la Bagna Cauda

Elisabeth Checa

La preparación del norte de Italia, traída por los inmigrantes del Piamonte a la Argentina y al Uruguay es un rito del invierno. Como la fondue suiza y sus parientes, se termina de cocinar en la mesa

Compartí algún tiempo la bagna cauda y la vida con alguien descendiente de italianos, como casi todos los argentinos. Al llegar el invierno se imponía esta ceremonia especialmente con la aparición de los cardos, ingrediente imprescindible.

Los tallos de los cardos cortados sin sus nervaduras, crudos, duros y poco graciosos, la cosa era demostrar el carácter rústico y machazo de los autores del plato. Ninguna concesión. Los fundamentalistas sostenían que sólo cardo crudo debía ser el vegetal que se remojaba en la salsa-crema, muy caliente puesta en un hornillo o un calentador en el medio de la mesa. Jamás debía hervir, significaba la catástrofe. Para ellos el resto de verduras cocinadas o apenas cocinadas eran ornamento inútil.

A la hora de preparar la salsa la exageración tremendista: una cabeza de ajo por persona. El ajo no debía dorarse en el oliva, después se añadía crema de leche 200 gramos de manteca y 10 g de anchoas deshechas. Una bomba La salsa se mantenía caliente en medio de la mesa, al estilo fondue sobre un pequeño calentador. Y jamás debía hervir. Los comensales bañaban en esa suculencia el cardo y trozos de pan. Para apagar tanto ajo, tanta manteca, tanta pesadez, el anfitrión tenia su lado una damajuana- esas que casi ya no estén- con algún vino de ambiguo origen italiano para los nostalgiosos del Chianti, un Bonarda o un Sangiovese mediocre, por ejemplo.

Con la modernidad la salsa convirtiose en más liviana, mas aceite de oliva, menos manteca, menos crema y pese al escándalo de los puristas, menos ajo, solo 8 dientes. El tema del ajo, pesado. Recuerdo los vahos que todos compartíamos si n darnos cuenta, pero cuando alguien salía de la habitación cerrada y volvía a entrar, tomaba conciencias de esa nube, que, eso si, espantaba a los demonios (y a la gente).

Los otros vegetales que deben integrar la Bagna Cauda dependen no sólo del capricho del anfitrión, sino de las posibilidades, del bolsillo, de la época del año y de la región. Si se opta por verduras cocidas: coliflor, zanahoria, cebollas, deben estar al dente, casi crocantes, un punto ineludible para los italianos, no solo con los vegetales sino en el arroz y las pastas.

Una bagna cauda más civilizada puede incorporar hongos y trozos de pollo cocidos. El cardo, crudo y cocido, conviven en la receta, pertenecen a la esencia del plato.

En realidad la mejor bagna causa de mi vida, siempre en casas, nunca en restaurantes, la probé en la casa de ese gran artista argentino, el genial trasgresor León Ferrari y su mujer Alicia. Una fondue tan refinada y sensible como ellos mismos. El ganador del León de Oro en la Bienal de Venecia, también era hijo de italianos de Torino.

El papel fundamental de la bagna causa es la de reunir en una mesa ruidosa a toda la famiglia que avanza con sus pinchos sobre la cacerolita. A medida que la damajuana del falso Chianti desciende, los espíritus se encienden y la mesa puede convertirse otra vez, en campo de batallas.

No es plato para los trópicos, por los productos y los efectos es absolutamente invernal. Pero la combinación de esos ingredientes de la salsa -oliva, crema, ajo, anchoas- se presta para sazonar ensaladas de la estación fría como de endivias o repollos de Bruselas.

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HOTEL DU MARC VEUVE CLICQUOT VIP GUESTHOUSE

Exclusividad arty
HOTEL DU MARC
VEUVE CLICQUOT VIP GUESTHOUSE
por Flavia de Facendis

Aunque a estas alturas puede parecer un lugar común, decir Veuve Clicquot es hablar del champán más caro del mundo. Es hablar de una compañía cuyo nombre en castellano, Viuda de Clicquot, se refiere a la primera empresaria del champán. Pero no ahora cuando la igualdad entre los sexos es una conquista muy avanzada en Europa. No, estamos hablando de principios del siglo XIX, donde todo, y especialmente el mundo de los negocios, era un territorio masculino. Pues bien, esta mujer, Nicole Clicquot Ponsardin, tras enviudar a los veintisiete años, multiplicó un pequeño negocio familiar dedicado al espumoso, hasta convertirlo en una marca de élite.
Para conseguirlo, además de una gran intuición comercial, Madame Clicquot inventó la mesa de removido: un sistema que eliminaba los sedimentos de la bebida. Porque hasta ese momento, el champán era un caldo turbio por los posos. Por si esto fuera poco, su sagacidad publicitaria la llevó a utilizar por primera vez etiquetas en las botellas, algo inaudito en aquella época. Una perspicacia que ha sabido mantener la compañía. Y prueba de ello fue transformar, ya a principios del siglo XX, un palacete neoclásico de la propiedad en una casa de invitados; en un lugar de reunión y descanso reservado a grandes clientes, mandatarios internacionales y personajes de la cultura. Una inteligente estrategia de marketing para seguir haciendo de esta firma un producto de minorías.

A pesar de que Reims fue masacrada en la II Guerra Mundial y destruida casi en un 60%, esta casa de invitados, Hôtel du Marc, consiguió sobrevivir a su propia historia. No en vano, todavía hoy mantiene los balazos en el exterior como prueba de un currículum vital intenso. Hace unos cinco años, los dueños decidieron reformarla con un objetivo: adaptar sus espacios a las necesidades del siglo XXI. Y no lo dudaron un momento. Para la intervención escogieron a Bruno Moinard, un arquitecto en cuya cartera de clientes se encuentran importantes firmas asociadas al lujo. Al frente del estudio 4BI, Moinard ha desarrollado un estilo sobrio y ligero que se adapta a las necesidades de sus clientes siguiendo, en sus palabras, el culto extremo a la exigencia. Sus trabajos se apoyan en la luz y en materiales nobles como vidrio, terciopelo, bronce…. Unas claves que Moinard ha seguido en este proyecto donde, además, ha estado acompañado muy de cerca por Sabina Belli, Gerente de Marketing Internacional de Veuve Clicquot.

”Es un edificio precioso, pero muy clásico, y necesitaba un poco de magia contemporánea”. La frase, del propio Moinard, ha sido el motor de toda la restauración. Ese punto de tensión entre tradición y modernidad que, según Sabina Belli, es una fórmula de éxito en otras empresas del lujo como el grupo LVMH. Los trabajos se iniciaron en 2007 y se necesitaron más de cuatro años para concluirse. Primero se estudió la estructura de la construcción, y luego se reordenaron las estancias: como cuenta Sabina, lograr, por ejemplo, que las cocinas no estuvieran lejos de los comedores o aportar más comodidad a las habitaciones y los baños. Y por supuesto, desde una perspectiva esteticista donde diseño, arte y espacio convergen en un punto. En definitiva, hacer de la visita a Hôtel du Marc una experiencia única. Pero eso sí, respetando la historia del palacio. Es decir, no traicionando su arquitectura.
De hecho, todo el esplendor neoclásico se observa en el exterior o ya dentro, en la escalinata y en la barandilla de hierro forjado. Aunque también es cierto que desde la misma escalera nos encontramos ese viraje al siglo XXI con el espejo-origami inspirado en los pliegues de Issey Miyake. Este juego entre pasado y referencias actuales ocupa todo el edificio. Para ello, el arquitecto y la propia Sabina buscaron nombres importantes de la creación contemporánea. Por ejemplo, en el jardín, los hermanos Campana han ideado un pabellón-escultura. En la sala de degustación dominan las lámparas de neón Pendeloque de los franceses Jungnet+Clairet, que han sabido reducir la luminaria prácticamente a un trazo, a un concepto.

Sin embargo, tal vez el mayor golpe de efecto se encuentre en el pasillo de los dormitorios. Una zona de tránsito suavemente iluminada con grandes retratos de la familia Clicquot Ponsardin. Imágenes en 3D que presiden la puerta de las habitaciones y que dan al espacio el aspecto ceremonial de un gran museo. “Escogimos, comenta Sabina, formatos de gran tamaño que pusimos directamente en el suelo con una iluminación muy dramática. El efecto final es realmente espectacular y esperamos que nuestros visitantes puedan mantener esta visión en mente como una de las experiencias más intensas de su visita”. Justamente en el pasillo se encuentra el banco Cadre de vie, de Pablo Reinoso, otra de las piezas más relevantes del Hôtel du Marc, donde el autor argentino deja a la vista su estilo escultórico de formas curvas y escapistas.
La casa dispone de seis habitaciones, cuyos nombres aluden a las estaciones del año y a los países que han sido fundamentales en la expansión de la marca. Cada una desarrolla un criterio muy diferente. Desde los colores suaves, a la simplicidad minimalista. Auque sin duda, la apuesta más radical es Once upon a dream, “la cápsula del sueño” de Mathieu Lehanneur: una estructura futurista y orgánica, pensada para facilitar el descanso a través de la gestión del color, la luz y la temperatura.

Conocer Hôtel du Marc no es tarea fácil: solo se accede por invitación a este palacio donde los huéspedes tienen garantizado el impacto y la sorpresa. En sus diferentes estancias conviven un barroquismo de claroscuro con pequeños trazos de excentricidad elegante. Propuestas arriesgadas y diseños audaces que saben interactuar con la tradición y con los que la empresa Veuve Clicquot, además, quiere aportar al concepto “lujo” una dimensión esteticista. Lo dicho, exclusividad arty.

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BREVE HISTORIA DE LA VEUVE CLICQUOT

BREVE HISTORIA DE LA VEUVE CLICQUOT

La historia de la Veuve Clicquot, conocida en todo el mundo como la Veuve (la viuda), es la historia de Madame Clicquot.

Nicole Barbe Ponsardin nació en 1777, pocos años después de la fundación, en 1772, de la casa Clicquot en la Champagne. Esta singular mujer de 1,47 mts. de estatura, marcó su época. Conocida al fin de sus días como la Gran Dame de la Champagne, vivió casi hasta los noventa años y llegó a ser la primera mujer de negocios de los tiempos modernos.

En esa época la región de la Champagne se dedicaba mayormente a la producción textil, pero a principios del siglo XVIII algunos productores comenzaron a elaborar vino espumoso. La familia Clicquot comenzó con este negocio, como dijimos, en 1772. La casa Clicquot no fue la primera que produjo vinos espumosos pero sí es una de las más antiguas. Philippe Clicquot, el fundador, tuvo un hijo, Francois, quien se casó con Nicole Barbe Ponsardin en 1799. El casamiento se llevó a cabo en la bodega, a 20 metros bajo tierra, en las cavas (fanáticos, ¿no?). En realidad se casaron allí porque, con motivo de las guerras, las iglesias estaban cerradas.

Cinco años después, Francois contrae fiebre amarilla y muere, quedando Nicole viuda. Philippe Clicquot, muy apenado, quiso cerrar la bodega. Madame Clicquot, contra la opinión de toda la familia, insistió hasta que logró hacerse cargo de la Casa Clicquot. Hay que ubicarse en la época. A esa “pobre mujer” la tomaron por loca. Ninguna mujer se ocupaba de negocios, y mucho menos en el mundo del vino, que aun hoy sigue siendo en cierta medida un ámbito machista. Para colmo la época era de gran inestabilidad; guerras napoleónicas, frecuentes cambios de gobierno, en fin, un pésimo momento para hacer negocios. Nadie creyó que pudiera salir adelante, pero el tiempo demostró que lo hizo… ¡y muy bien!

En primer lugar amplió la superficie existente. Tuvo la habilidad de comprar viñedos excelentes. Los nueve viñedos originales que comprara la viuda están clasificados en la actualidad como de 100% de calidad.

Otro de sus grandes logros fue iniciar la exportación de los vinos de la Champagne. La cosa fue así: a causa del bloqueo inglés se habían agotado las existencias de champagne en toda Rusia; cuando el bloqueo fue levantado el viajante de la viuda llegó a la tierra de los zares con un barco cargado de Champagne, justo en el momento en el que el Zar celebraba el nacimiento de un hijo, el cual fue festejado con Veuve Clicquot. Lo apodaron Clicvske y de ahí en más fue el preferido en Rusia, donde tuvo una gran participación en el mercado hasta la revolución Bolchevique. Posteriormente, la exportación de la Veuve Clicquot se extendió a todos los mercados.

Cuando la viuda se hizo cargo de la bodega contaba tan sólo con 27 años. Quince años más tarde hizo poner etiquetas en las botellas (el champagne antes no llevaba etiquetas, fue un invento de ella).

Vender en esa época era muy difícil. El viajante de Veuve Clicquot se dio cuenta de que todas las casas de San Petersburgo eran amarillas. Por eso pidió que hicieran las etiquetas amarillas para honrarlos, incrementando notablemente las ventas. Hoy la etiqueta amarilla es una de las más distintivas en los escaparates del mundo.

Madame Clicquot no sólo compró los mejores viñedos y comenzó con la exportación, sino que también mejoró el método Champenoise. Antes de su época el champagne era turbio; así se servía. Madame Clicquot, molesta por ese aspecto que le daban los sedimentos, comenzó a experimentar hasta que descubrió que poniendo las botellas en pupitres, inclinadas e invertidas, girándolas 1/8 de vuelta cada día, se lograba acumular el sedimento en el gollete y luego era posible extraerlo al cambiar el corcho, de la manera que ya hemos explicado en otros artículos. Los pupitres y el movimiento giratorio con las botellas inclinadas también es invento de Madame Clicquot. Una vez extraído el corcho se procede al dosaje. Hasta ese momento todos los champagnes son secos. El agregado del licor de expedición sirve para reponer el líquido que se pierde al cambiar el corcho y además agregar una cantidad de azúcar para darle el dulzor que corresponda. El champagne Brut lleva unos 15 gramos de azúcar por litro y el Demi-sec unos 40 gramos. Originalmente todos los champagnes era Demi-sec, el Brut apareció a fines del siglo pasado por influencia de los ingleses, que fueron siempre grandes consumidores y querían tomar champagne con las comidas.

Finalmente, uno se pregunta, ¿por qué es tan caro el champagne? Por varias razones. El kilo de uva cuesta en la Champagne unos 8 dólares. Para una botella hace falta un kilo y medio de uvas, unos 12 dólares sólo de uva por botella. Agreguemos costo industrial, botella, corcho, etiqueta, caja, gastos de venta, costos financieros de los años de estacionamiento en botella, sumemos la utilidad… y tendremos la explicación.

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